En el ámbito de la seguridad y salud en el trabajo, hay riesgos que no se ven a simple vista, pero cuya huella en la salud de las personas trabajadoras es profunda e irreversible. La silicosis es uno de ellos. Esta enfermedad respiratoria, catalogada como una neumoconiosis, está provocada por la inhalación de sílice cristalina respirable (una partícula invisible presente en múltiples procesos industriales y constructivos) y constituye una de las amenazas emergentes más graves en diversos sectores productivos en España.
Lejos de ser una patología del pasado, la silicosis ha vuelto a ocupar titulares por su creciente incidencia, especialmente entre trabajadores jóvenes del sector de la construcción y de industrias como la de transformación de encimeras de cuarzo o la minería. Las autoridades sanitarias, como el Ministerio de Sanidad, han alertado de un notable incremento de casos en la última década, vinculados al auge de nuevos materiales compuestos que, sin un control adecuado, liberan concentraciones peligrosas de polvo de sílice.
El problema se agrava en pequeñas y medianas empresas donde, según los últimos reportajes y estudios, los recursos destinados a la prevención siguen siendo insuficientes, y la falta de formación específica convierte al desconocimiento en un enemigo más. Las consecuencias son devastadoras: Una enfermedad incurable, incapacitante y progresiva, que puede derivar en invalidez permanente o incluso en muerte prematura.
Por ello, este artículo, desde PrevenZiona pretendemos arrojar luz sobre una problemática que no puede seguir pasando desapercibida. A través del análisis de los factores de exposición, las consecuencias sanitarias, las medidas preventivas y los equipos de protección necesarios, ofrecemos una guía práctica para profesionales, responsables de PRL y empresas que quieran poner freno a esta «epidemia silenciosa» en sus entornos laborales.
¿Qué es y cómo se produce la exposición a la silicosis en los sectores de la Construcción y la Industria? Problemas que acarrea su exposición
La silicosis es una enfermedad respiratoria irreversible provocada por la inhalación prolongada y repetida de polvo que contiene sílice cristalina respirable (SCR), un componente presente de forma natural en materiales como el cuarzo, la arena, la piedra, el granito o el hormigón. Una vez inhaladas, estas partículas microscópicas se alojan en los pulmones, donde desencadenan una respuesta inflamatoria crónica que produce cicatrices en el tejido pulmonar (fibrosis), reduciendo progresivamente la capacidad respiratoria del trabajador afectado.
Este riesgo se acentúa especialmente en los sectores de la construcción y la industria, donde son frecuentes las actividades que generan grandes concentraciones de polvo fino. Entre las tareas con mayor potencial de exposición destacan:
- Corte, pulido, lijado o perforación de piedra natural (granito, mármol, pizarra) o artificial (aglomerados de cuarzo o sílex).
- Manipulación de hormigón, cemento, ladrillos, baldosas, cerámicas, tejas, productos refractarios y asfaltos.
- Trabajos de demolición, limpieza industrial, decapado con chorro de arena y mantenimiento de instalaciones.
- Actividades en minería, túneles, canteras, fundiciones y plantas de áridos, donde la extracción o tratamiento de materiales genera nubes densas de polvo.
La sílice cristalina respirable es tan fina que no se percibe a simple vista y puede mantenerse suspendida en el aire durante varias horas, lo que multiplica el riesgo de exposición en ambientes cerrados o con ventilación deficiente. A diferencia de otros polvos menos agresivos, el organismo no puede eliminar eficazmente estas partículas, por lo que su acumulación prolongada genera una inflamación persistente en los alvéolos pulmonares. Esta inflamación produce cicatrices (fibrosis) que dificultan el intercambio gaseoso y el paso de oxígeno a la sangre.
Los efectos de la silicosis no suelen manifestarse de forma inmediata. Los síntomas pueden tardar años en aparecer, especialmente si se trata de la forma crónica. Sin embargo, cuando se trabaja con materiales que contienen sílice en alta concentración (como ocurre con algunos aglomerados de cuarzo), pueden desarrollarse formas aceleradas o agudas en pocos años, incluso en personas jóvenes. Los síntomas más comunes incluyen:
- Tos seca persistente
- Disnea o dificultad respiratoria progresiva
- Cansancio extremo y pérdida de apetito
- Dolor en el pecho
- Infecciones respiratorias recurrentes
En estadios avanzados, la silicosis puede derivar en insuficiencia respiratoria severa, predisposición a la tuberculosis, bronquitis crónica y, según numerosos estudios epidemiológicos, un incremento significativo en el riesgo de padecer cáncer de pulmón. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica la sílice cristalina como un carcinógeno humano del grupo 1.
Según el Ministerio de Sanidad, la silicosis es una enfermedad profesional reconocida y su prevalencia va en aumento, especialmente en sectores donde se manipulan materiales con alto contenido en sílice sin una protección adecuada. Esta situación es especialmente preocupante en pequeñas y medianas empresas, donde el desconocimiento del riesgo o la falta de formación sobre protección respiratoria aumenta las probabilidades de exposición.
Por tanto, conocer cómo se produce esta exposición, sus consecuencias a largo plazo y las condiciones de trabajo en las que es más frecuente resulta esencial para poder actuar desde la prevención y proteger eficazmente a los trabajadores.
Medidas preventivas para reducir la exposición a la silicosis
La prevención de la silicosis debe abordarse desde la jerarquía de controles establecida por la normativa española en prevención de riesgos laborales, recogida en la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, y desarrollada a través del Real Decreto 374/2001, de 6 de abril, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores contra los riesgos relacionados con los agentes químicos durante el trabajo.
Esta jerarquía establece un orden de prioridades que debe guiar las decisiones preventivas:
- Eliminación del agente peligroso
- Sustitución por otro menos nocivo
- Controles técnicos o de ingeniería
- Medidas organizativas
- Uso de EPIs
Aunque eliminar completamente la exposición a la sílice no siempre es posible (especialmente en industrias donde forma parte de los materiales utilizados), aplicar este enfoque escalonado permite minimizar el riesgo de forma significativa.
- Control en origen
- Sustitución de materiales peligrosos: Siempre que sea viable, se deben utilizar productos con menor contenido de sílice cristalina respirable, como aglomerados de baja sílice o materiales alternativos en obras de reforma, acabados o fabricación de encimeras.
- Uso de técnicas húmedas: La aplicación de agua durante el corte, taladrado o pulido de materiales reduce drásticamente la dispersión del polvo. Esta práctica sencilla puede disminuir la emisión de sílice respirable hasta en un 90 % si se aplica correctamente.
- Sistemas de captación y aspiración local: Incorporar extractores de polvo en herramientas eléctricas, cabinas cerradas o brazos de extracción flexible directamente en el punto de generación del polvo evita su diseminación en el ambiente laboral.
- Control ambiental
- Ventilación general adecuada: En espacios cerrados o con ventilación limitada, se deben instalar sistemas de extracción forzada que renueven el aire y mantengan las concentraciones por debajo del valor límite ambiental (VLA) establecido para la sílice.
- Limpieza de superficies con métodos no generadores de polvo: En lugar de barrer en seco, deben usarse aspiradoras industriales equipadas con filtros HEPA o técnicas de limpieza húmeda para evitar la resuspensión del polvo en el aire.
- Medidas organizativas
- Reducción del tiempo de exposición: Se puede limitar la permanencia del trabajador en zonas críticas mediante la automatización de procesos o la rotación de tareas.
- Zonificación del entorno laboral: Establecer claramente las áreas con riesgo de exposición a sílice mediante barreras físicas o señalización, de modo que se evite el acceso innecesario de personal no protegido.
- Cartelería y advertencias visibles: Es fundamental que todas las áreas con riesgo estén adecuadamente señalizadas con pictogramas y advertencias según el sistema de clasificación de riesgos químicos.
- Formación e información
- Capacitación periódica: Todo el personal debe recibir formación actualizada sobre los riesgos de la sílice, las vías de exposición, las medidas de prevención implementadas y el uso correcto de los sistemas de control y protección.
- Instrucciones específicas por puesto de trabajo: Deben incluir pautas para el mantenimiento y limpieza de equipos, uso adecuado de EPIs y notificación de incidencias en sistemas de extracción.
- Vigilancia de la salud
- Reconocimientos médicos específicos: Se debe realizar un seguimiento periódico centrado en la función pulmonar mediante espirometrías, radiografías torácicas o TAC de baja dosis, especialmente en trabajadores con más años de exposición.
- Registro de exposiciones: Las empresas están obligadas a documentar las condiciones de exposición de los trabajadores, registrar los resultados de las mediciones ambientales y facilitar la trazabilidad en caso de aparición de síntomas.
EPIs en la prevención de la silicosis
Los equipos de protección individual (EPIs) son la última barrera defensiva frente a la exposición a la sílice cristalina respirable, especialmente en situaciones donde las medidas colectivas no consiguen eliminar completamente el riesgo. Aunque su uso no debe sustituir otras acciones preventivas como el control en origen o la ventilación adecuada, los EPIs son esenciales para proteger directamente al trabajador cuando realiza tareas de riesgo.
Tipos de EPIs recomendados:
- Mascarillas autofiltrantes tipo FFP3: ofrecen un nivel de protección elevado frente a partículas finas como la sílice cristalina. Deben estar certificadas según la norma europea EN 149 y garantizar un ajuste hermético al rostro del usuario. Su uso está especialmente indicado en operaciones con alta generación de polvo y ventilación deficiente.
- Mascarillas con suministro de aire o presión positiva (PAPR): Equipos motorizados con filtro que reducen el esfuerzo respiratorio, mejoran la comodidad durante jornadas prolongadas y ofrecen una protección superior frente a exposiciones intensas. Son ideales para entornos de riesgo elevado o espacios confinados.
- Monos desechables o ropa de trabajo lavable de uso exclusivo: Evitan la acumulación de polvo en la ropa y la posible inhalación secundaria. En ambientes con alta carga de partículas, los monos desechables con capucha y cierre elástico en puños y tobillos ofrecen una protección adecuada.
- Protección ocular (gafas cerradas o pantallas faciales): En tareas donde existe proyección de partículas, el contacto con mucosas también puede representar un riesgo. La protección ocular es especialmente recomendable en procesos de corte o pulido.
- Guantes adecuados y calzado cerrado: Para prevenir la exposición dérmica y evitar el transporte de polvo fuera de la zona de trabajo.
Buenas prácticas en el uso de EPIs:
- Formación del personal sobre el uso correcto de los equipos, incluyendo ajuste, colocación, mantenimiento y retirada.
- Verificación del sellado en mascarillas y respiradores antes de comenzar cualquier tarea.
- Sustitución periódica de filtros, válvulas, prendas o elementos deteriorados.
- Asignación individualizada de EPIs y prohibición de compartir equipos entre trabajadores.
- Almacenamiento higiénico y correcto de los EPIs cuando no estén en uso, para evitar contaminación cruzada.
Es fundamental recalcar que los EPIs solo resultan eficaces si se utilizan correctamente y en el contexto de un plan preventivo integral. Una mala colocación, el uso de equipos inadecuados o la falta de mantenimiento puede convertir una barrera de protección en una falsa sensación de seguridad.
Para asegurar la protección real de los trabajadores frente a la exposición a sílice cristalina respirable, contar con un proveedor técnico especializado puede marcar la diferencia. En este sentido, PrevenZiona destaca por su enfoque de distribución 360º de EPIS, pensado para dar respuesta a las necesidades reales de las empresas más exigentes.
Con un equipo cercano, especializado, ágil y con gran capacidad de adaptación a cada sector, PrevenZiona presta servicio en toda la geografía española, asegurando que las soluciones en EPIs lleguen con la garantía de eficiencia, cobertura técnica y cumplimiento normativo.
Además, actúan como distribuidor único de protección individual, ocupándose de toda la gestión asociada al suministro, seguimiento y reposición de equipos, liberando a las empresas de esta carga operativa. Su propuesta se adapta a cada modelo organizativo, con la confianza de trabajar con un proveedor que combina cercanía y profesionalidad.
PrevenZiona ofrece:
- Suministro integral de EPIs certificados y de alto rendimiento.
- Asesoramiento personalizado en la selección del EPI más adecuado.
- Formación práctica al personal sobre el uso, mantenimiento y revisión de los equipos.
- Integración de los EPIs en el sistema de prevención de la empresa, con procedimientos documentados, trazabilidad y cumplimiento normativo.
El enfoque integral de PrevenZiona no solo facilita el cumplimiento legal, sino que también ayuda a generar una verdadera cultura preventiva, donde el uso de los EPIs no sea una obligación formal, sino una parte natural del trabajo seguro.
La silicosis ya no es una enfermedad del pasado ni un riesgo exclusivo de la minería. Su expansión entre trabajadores del sector de la construcción, la transformación de encimeras o la demolición la ha convertido en una amenaza silenciosa que exige una respuesta urgente desde la prevención, la vigilancia sanitaria y la concienciación empresarial.
Invertir en medidas técnicas, organizativas y formativas es esencial para evitar nuevas víctimas de una enfermedad prevenible. Las pequeñas y medianas empresas, que concentran la mayoría de los casos recientes, deben asumir un papel activo y responsable, incorporando buenas prácticas de control del polvo, evaluaciones específicas del riesgo y protocolos de salud laboral.
La prevención de la silicosis no es solo una obligación legal: Es una cuestión ética, de justicia social y de sostenibilidad. La salud de quienes construyen nuestras viviendas, infraestructuras e industrias no puede sacrificarse por desconocimiento, negligencia o ahorro de costes. Porque cuando se trata del aire que respiramos, no hay margen para improvisaciones.



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