En el ecosistema de la seguridad laboral, la normativa es un ente vivo. El pasado año 2025 marcó un punto de inflexión con la publicación de la Decisión de Ejecución (UE) 2025/286, un documento legislativo que ha reconfigurado el listado de normas armonizadas para los Equipos de Protección Individual (EPI). Para los responsables de seguridad, este cambio no es una mera formalidad burocrática; representa la retirada definitiva de referencias que durante décadas fueron el estándar de oro (como la mítica EN 166) y la obligatoriedad de adaptar la selección de protectores oculares y faciales a criterios técnicos mucho más exigentes y globalizados.



